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sábado, 3 de octubre de 2015

Como armar tu propio Dron

Un dron es, por definición, una aeronave sin tripulación. Pero para muchos uruguayos es más que eso. Es un hobby que atrapa a estudiantes de ingeniería, técnicos en electrónica y aficionados a la aeronáutica y que cobra cada vez más fuerza en Uruguay; personas apasionadas que se reúnen para fabricar, romper, arreglar y, por sobre todo, volar su nave a control remoto.

"Empecé el año pasado. Estudio ingeniería y siempre me gustó la electrónica. Hice un curso de robótica y una cosa enganchó con otra y seguí", comentó Nicolás Torres, fundador del grupo en Facebook "Drones en Uruguay - Cómo armar tu dron, tips, eventos y más", el que cuenta con más de 550 miembros, aunque son unos 30 los que vuelan de forma asidua; la mayoría, los usan para tareas de filmación.

Torres tiene 25 años y comparte este pasatiempo con Andrés Amorín, Fernando Ayala y Martín Echevarría, entre otros. Suelen volar una vez por semana. Buscan lugares apartados donde no haya vehículos ni gente. Para esta pasión (o "fisura", palabra que da nombre a su equipo, "Fisura Squad") necesitan un espacio grande –"Una plaza no sería viable", aclaró uno–, dinero y mucho ingenio. 


Un hobby para ingeniosos

Armar un dron es costoso. Hay quienes compran cada una de sus partes y hasta los cables para construir cada pieza de cero. Los costos varían de acuerdo a los materiales pero, en promedio, un dron pequeño cuesta entre US$ 200 y US$ 800 (depende de la calidad de la electrónica y de si utiliza equipamiento de video); uno grande puede valer US$ 1.500 o más. Si el objetivo es capturar buenas imágenes, la inversión no baja de US$ 1.000, debido a que debe portar una buena cámara. 
Además del costo de las partes, el armado implica poner a trabajar el ingenio y unas cuantas horas de dedicación. 

El objetivo, principalmente, es realizar acrobacias. Pasar por arriba y por debajo de obstáculos, variar la velocidad y hacer piruetas es parte del entretenimiento. La velocidad varía de acuerdo al aparato, al igual que la altura pero, en promedio, llegan a los 40 metros, pero quienes hacen fotografía llegan más alto. Las baterías tienen 5 y 15 minutos de autonomía. 

Amorín, de 32 años, se involucró con los drones –o correctamente llamados multirrotores o quadricópteros– en 2010. También trabaja en informática y el fue primero de los cuatro que armó uno con partes del control de una Wii, el que compró solo con la intención de sacarle las piezas y reutilizarlas en la construcción de la controladora de su primer cuadricóptero. ¨El primer vuelo fue frente al Estadio Centenario y fue un éxito total. Ahora no lo uso más, pero todavía lo tengo y sigue funcionando¨, relató aCromo

Ayala, un arquitecto de 42 años y apasionado del aeromodelismo desde siempre, se unió al resto por la necesidad de sacar fotos aéreas para su trabajo. El primer dron que tuvo lo compró armado. 
Echevarría, un técnico en electrónica de 39 años, comenzó a volar el año pasado cuando se quebró la muñeca y tenía tiempo libre. "Siempre quise tener un avión a control remoto. Como conseguí un control por menos de US$ 50, hice una avionetita de espuma plast que nunca me animé a volar por miedo a romperla toda", contó sobre sus primeros pasos. Y siguió: "Vi un video de alguien que armaba un tricóptero y armé uno porque salía más barato –tres motores son más baratos que cuatro, pero da más trabajo–. El problema que tenía era cuando caían. Uno murió en el fondo de casa. Siempre hay factores como el viento que te pueden hacer caer el aparato", apuntó. 

Para aprender más sobre su nuevo hobby, Echevarría se trajo un microdron de China, armó otros modelos y hasta incluso imprimió piezas en 3D. Su última adquisición fue una especie de casco con pantalla. Ese equipo, llamado First Person View (FPV, por su sigla en inglés), le permite al piloto ver el vuelo como si estuviese montado dentro de su nave. En palabras de Ayala, "te permite ver todo lo que el dron observa" desde el cielo. El último aparato que se armó este dronero, dijo, es exclusivamente para divertirse. 


El sistema de FPV se puede armar por US$ 70, pero el precio de las llamadas FatShark Dominator ronda los US$ 350. Así las describió Torres: "Son compactas, tienen DVR para guardar el video y un ventilador para que no se empañen y se les puede cambiar el receptor de video por si se utilizan distintas frecuencias". 

Muchos aficionados reciclan las partes de drones pero también las traen desde Estados Unidos y China. "En un pedido se suele comprar cuatro motores, cuatro controladores, y algún pedacito de otra cosa. Con eso se van armando. Cada vez es más difícil comprar por internet debido a la reglamentación aduanera, entonces se le suele pedir a alguien que viaja", contó uno de los pilotos, así se baja el tiempo de espera. 

Todo se compra: desde los cables hasta los motores debido a que en Uruguay no se venden en ningún local. Las piezas, fundamentalmente, son de fibra de vidrio y carbono. Traen muchas bolsas de aspas (que suele ser lo que más se rompe con las caídas) y baterías recargables. 

¨En mi casa me quieren matar; ya es algo obsesivo. Tengo seis armados, pero no todos vuelan. Siempre me gustó armar y desarmar cosas", reconoció Echevarría.

Para abaratar costos, el equipo dispone de dos impresoras tridimensionales. "Imprimimos de todo", dijo Torres. Tal es así que ya han hecho "drones enteros" gracias a esta tecnología. En general, fabrican piezas para hacer montajes para las cámaras u otros soportes.

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